Historia del agua


El agua, que es vida e historia, va despertando nuestra curiosidad según vamos avanzando por el Valle de Solán. Y es que este manantial, de inagotable frescura y pureza, dispone de testimonios escritos que recuerdan la curación de la artritis de Julio Graco, en el año 182 a.C.

La tradición cuenta del descubrimiento de la bondad del agua a través de un pastor, que observaba que sus cabras enfermas, se bañaban espontáneamente en ella logrando su curación.

En 1746, D. Pedro Gómez de Bedoya aporta datos en los que asegura cómo este lugar se convirtió en centro de peregrinación para la sanación de multitud de enfermedades.

Fue precisamente, la curación de D. Pedro López de Lerena, Ministro de la Real Hacienda, el motivo por el cual, en 1755, el Rey Carlos III ordena construir los baños y la casa hospedería, que todavía hoy sustenta las actuales instalaciones del Real Balneario de Solán. Años más tarde, el agua de Solán de Cabras sería declarada de utilidad pública por el rey Carlos IV, en Real Decreto de 10 de abril de 1790, al igual que el Balneario y el Real Sitio. Fue tal su prestigio que hasta el mismísimo rey Fernando VII y María Josega Amalia de Sajonia, viajaron en 1826 a Solán de Cabras, buscando remedio a la esterilidad de la Reina en estas salutíferas aguas.

Sin embargo, el primero que contribuyó a divulgar sus beneficios terapéuticos fue el Dr. Forner, en el año 1787. Las descripciones de sus efectos sobre el organismo están recogidas en su libro"Noticias de las Aguas del Manantial de Solán de Cabras en la Serranía de Cuenca".

Decía por aquel entonces el galeno: "apenas se hallará fuente de quien se cuenten tantos y tan justificados prodigios médicos; comprobados con tan segura auténticidad, que es imposible negarles el asenso".

Con todo, los más fervientes propagadores de los efectos salutíferos de estas aguas fueron los propios enfermos que acudían como peregrinos al manantial del Valle de Solán: "cuando los Médicos dan por incurables a los enfermos, y los abandonan a lo que quiera hacer de ellos la suerte, las aguas de Solán de Cabras eran el asilo último, y producían efectos, que ni aún los facultativos se atrevían a esperar".

Los testimonios de los médicos de la época también quedan recogidos por el Dr. Forner cuando dice: "que las hallaron oportunísimas para las atonías, perlesias, obstrucciones, cancros, escróbulas, hernias carnosas y varicosas, ceáticas, supresiones de orina, menstruas y hermorroydales, piedras y arenas en los riñones, fluxiones de los ojos, alferecias, convulsiones, vahidos y todo accidente de cabeza".

 

Geología del manantial


En plena Serranía de Cuenca, por encima de los 900 metros sobre el nivel del mar y en el fondo de un profundo valle de paredes verticales labradas por la erosión, surge el manantial de Solán de Cabras.

La zona de recarga corresponde a un afloramiento muy alejado del manantial, a unos 1.400 metros sobre el nivel del mar y fuera del área de influencia de centros de población o industrias contaminantes.

Su larga residencia en el acuífero ha regularizado el caudal y homogeneizado su composición química. Entre el primer análisis que se conoce, encargado por Carlos III en 1876 y los que se efectúan continuamente en nuestros días, el agua no ha presentado alteración alguna.

Oteando el horizonte, vemos que el conjunto formado por las llamadas hoces de Beteta y de Solán de Cabras se ubica, exactamente, en el extremo noroeste de la Alta Serranía de Cuenca. El río Cuervo, en su recorrido desde Santa María del Val hasta Puente Vadillos, ha labrado su curso en el interior de una elevada muela a la que divide en dos : la muela de San Cristóbal y la muela de Rebollar. Pero la acción erosiva del río Cuervo, con bruscos cambios de dirección y espectaculares flancos, ha ido creando la maravilla que es el Valle de Solán de Cabras. Estas muelas son la principal armazón del relieve. De superficie ondulada, casi plana, y cubiertas de espesos bosques de pinos, se interrumpen por los vertiginosos surcos de la hoces. Las muelas son producto de un viejo arrasamiento y permiten al agua filtrarse por las rocas.

El agua de las recientes lluvias baja a través de conductos y redes subterráneas permeables a gran velocidad, y al topar con una capa más impermeable busca una salida horizontalmente y la encuentra en los flancos de las hoces donde son frecuentes las surgencias de manatiales en épocas de lluvia. En el valle destaca espectacularmente la surgencia del Chorrontón, ubicada justo encima del Balneario de Solán de Cabras.

El Chorrontón rompe de una capa perteneciente al Cretácico superior y nada tiene que ver con el manantial de Solán de Cabras. Como nada tienen que ver los muchos acuíferos de la zona.

 A diferencia de otros, el acuífero de Solán de Cabras, no se produce por infiltración de aguas pertenecientes a capas superiores más permeables. Es como una gran tubería con varias bocas de entrada dispersas por la Serranía y una sola salida conocida: el manantial.

Esta "tubería" es una capa perteneciente al JURASICO. El acuífero está situado en el nivel 4, y está formado por calizas bioclásicas y calizas arenosas de una potencia de 15 a 20 metros, muy permeable.

La recarga, la circulación y la descarga del agua tienen lugar a través de esta única capa, la cual está ubicada entre otras dos, a techo y muro, margosas e impermeables que la aíslan. Sus paredes son impermeables pero en su interior no está hueca. Está rellena de materiales poco permeables que permiten el paso lento del agua desde la zona de carga hacia los niveles inferiores donde se va acumulando como en una gran bodega.

El viaje y la permanencia del agua dura siglos.
Una casualidad hizo posible que la labor erosiva del río Cuervo rompiera un pliegue de ese conducto en el fondo del Valle de Solán y puso al descubierto el manantial.

El manantial extrae siempre un caudal continuo de 5.410 litros de agua por minuto a una temperatura estable de 21 grados C.

 

Propiedades del agua


El largo tiempo de residencia del agua en el acuífero ha regulado el caudal y homogeneizado su composición química. Al parecer, entre el primer análisis que se conoce, encargado por Carlos III en 1876, y los que se realizan continuamente hoy en día, el agua no ha presentado alteración alguna. Se recuerda que en el año 1952 aparece el tritio, un isótopo consecuencia de la explosión de una bomba de hidrógeno. El viento y la lluvia extendieron partículas radioactivas por toda la Tierra haciendo subir la concentración en todas las aguas, incluidas muchas subterráneas. No hay indicios de tritio en la composición del agua de Solán de Cabras, por lo que es posible afirmar que el agua se infiltró con anterioridad. Estudios realizados utilizando la técnica del Carbono 14 determinan un tiempo de permanencia del agua en el acuífero de hasta 500 años.

El agua de Solán de Cabras está clasificada, según el código alimentario español como agua de mineralización débil, hipotermal, hipotónica, bicarbonatada térrea cálcico litínica. La presencia de elementos minoritarios y su equilibrio es lo que le confiere características propias excepcionales. Por ello, durante la estancia en el Real Balneario, se puede utilizar como bebida o en baños, siempre bajo prescripción y vigilancia médica. De manera que nuestro organismo tiene la oportunidad de beneficiarse de los efectos curativos de estas aguas, terapéuticamente indicadas para dolencias como las afecciones del riñón, ya que provoca diuresis, lava los tejidos, y su eficacia está demostrada en la prevención y eliminación de los cálculos renales.

A nivel ginecológico estimula las glándulas endocrinas y aumenta las defensas locales. Es de gran ayuda en las enfermedades reumáticas, especialmente cuando están provocadas por el ácido úrico. Favorece la digestión y es recomendable contra las alteraciones del aparato digestivo (dispepsias gastrointestinales y cuadros inflamatorios del intestino) y en las deficiencias hepáticas y por sus propiedades se utilizan para tratamientos dérmicos y dietas de adelgazamiento.

Como bebida para el consumo de mesa, un sorbo de agua de Solán de Cabras es un merecido premio para el paladar más exigente y calma la sed de aventura nada más llegar a este Real Sitio : es fina, inodora, clara y de sabor suave. Dentro de los cánones de la legislación actual, está catalogada como agua mineral natural, al reunir los requisitos de mantener estable su composición química, el caudal de su manantial y la temperatura de surgencia. La fuerza vital de esta agua fue inmortalizada por el escritor y catedrático de la Universidad de Oviedo Leopoldo Alas “Clarin” en “Su único hijo”.